El directorio de la Compañía Mega oficializó la aprobación de la segunda etapa de ampliación de sus instalaciones en Bahía Blanca, una decisión estratégica que busca capitalizar el incremento de la producción en Vaca Muerta. Esta nueva fase se integra a los trabajos que actualmente se encuentran en marcha y cuya finalización está prevista para marzo de 2026.
El objetivo central es optimizar el procesamiento de líquidos del gas natural (NGLs) —como etano, propano, butano y gasolina natural— a través de la construcción de un Nuevo Tren de Fraccionamiento (NTF). Con un presupuesto que para su primera etapa asciende a los US$ 250 millones, Mega —propiedad de YPF (38%), Petrobras (34%) y Dow (28%)— se consolida como la mayor procesadora de este tipo en el país.
El salto productivo y la alianza estratégica con YPF
La expansión se articula en un esquema de crecimiento escalonado. Durante el reciente 2025, la compañía promedió una producción de 4.800 toneladas diarias (tns/d), y se proyecta que el plan integral permitirá un incremento del 50%, alcanzando las 7.200 tns/d en los próximos años.
En lo inmediato, el módulo que entra en operaciones este marzo aportará 850 tns/d adicionales, mientras que la Fase II —que cuenta con un plazo de obra estimado en 24 meses— sumará otras 1.000 tns/d. Para garantizar la viabilidad del proyecto, la gerencia ha sido facultada para suscribir un contrato estratégico de suministro de materia prima con YPF, asegurando el flujo necesario para alimentar las nuevas unidades operativas.
Impacto económico y generación de divisas
Dado que el mercado interno de gas licuado de petróleo (GLP) se encuentra plenamente abastecido, la totalidad de la nueva producción tendrá como destino los mercados externos. Se estima que, en el corto plazo, la mayor capacidad operativa generará exportaciones adicionales por US$ 100 millones anuales, cifra que ascendería a US$ 150 millones una vez completado el tren de fraccionamiento.
En un escenario de máxima capacidad, el potencial de generación de divisas de Mega podría rondar los US$ 1.000 millones por año. Este proceso de industrialización representa un valor agregado crítico, ya que multiplica entre 3 y 4 veces el valor original del gas extraído, transformando los recursos de Vaca Muerta en productos de alta demanda internacional.