El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dio su respaldo a un proyecto de ley que propone la implementación de aranceles de hasta un 500% contra aquellas naciones que mantengan importaciones de energía provenientes de Rusia. Esta medida, anunciada por el senador republicano Lindsey Graham, tiene como objetivo central forzar a potencias como China, India y Brasil a cesar sus vínculos comerciales con Moscú.
Según Graham, la legislación proporcionará una herramienta de presión sin precedentes, afirmando que: «Este proyecto de ley permitirá al presidente Trump castigar a los países que compran petróleo ruso barato para alimentar la maquinaria de guerra de Putin». Asimismo, el senador destacó que la normativa otorgaría una «enorme influencia sobre países como China, India y Brasil para incentivarlos a dejar de comprar el petróleo ruso».
Consenso bipartidista y excepciones estratégicas
El proyecto legislativo cuenta con un sólido respaldo político, sumando el compromiso de 82 senadores, lo que garantiza una votación bipartidista contundente prevista para la próxima semana. A pesar de la rigurosidad de las sanciones, la administración ha previsto matices diplomáticos para sus aliados tradicionales.
Graham aclaró que existirán excepciones para los países de la Unión Europea que, aunque aún dependan parcialmente de la energía rusa, colaboren activamente con el esfuerzo bélico de Ucrania. Esta salvedad se alinea con el compromiso europeo de eliminar por completo las importaciones de gas ruso para el año 2027. En el contexto regional, la mirada está puesta sobre Brasil, que tras un incremento inicial en sus compras de gasoil ruso, ha comenzado a reducir su exposición comercial ante el temor de represalias desde Washington.
El factor Venezuela y la captura del Bella 1
La ofensiva energética de Estados Unidos se complementa con el control operativo de las exportaciones de crudo desde Venezuela. Tras la captura de Nicolás Maduro, la petrolera estatal PDVSA confirmó el inicio de negociaciones comerciales directas con Washington.
La entidad venezolana informó que: “Este proceso se desarrolla bajo esquemas similares a los vigentes con empresas internacionales, como Chevron, y está basado en una transacción estrictamente comercial, con criterios de legalidad, transparencia y beneficio para ambas partes». Este giro permite a Estados Unidos suplir parte del flujo global que busca restringir a Rusia, consolidando su dominio sobre las reservas del hemisferio sur.
La tensión escaló al plano militar tras la interceptación y captura del petrolero con bandera rusa Bella 1 en el Océano Atlántico por parte de las fuerzas armadas estadounidenses. El buque, que operaba anteriormente dentro de una denominada flota en la sombra para transportar crudo iraní, fue interceptado cerca de Islandia tras una persecución de semanas que se originó cuando intentó recoger cargamento en Venezuela.
Rusia ha condenado enérgicamente el abordaje, sosteniendo que “ningún Estado tiene derecho a usar la fuerza contra buques que estén debidamente registrados en las jurisdicciones de otras naciones”. Este incidente subraya la determinación de la administración Trump de utilizar el poder naval para hacer cumplir sanciones que Rusia califica como violatorias del Derecho del Mar.