En un escenario de expansión sin precedentes para la Cuenca Neuquina, el bloque Loma Campana ha marcado un récord productivo histórico que redefine el mapa hidrocarburífero de la región. Ubicada a unos 180 kilómetros de la ciudad de Neuquén y con una extensión de alrededor de 359 kilómetros cuadrados, el área operada por la asociación entre YPF y Chevron superó por primera vez los 100.000 barriles diarios de petróleo.
Este logro la convierte en el bloque de mayor producción del país y en el primero en cruzar ese umbral psicológico y operativo dentro de la formación de shale. El récord exacto alcanzó los 103.000 barriles diarios, una cifra sustentada por una red de cerca de 750 pozos actualmente en producción dentro del bloque. Este desempeño no solo ratifica su liderazgo en el shale oil, sino que la posiciona como una de las áreas más relevantes a nivel internacional, comparable con los mejores desarrollos de las cuencas estadounidenses.
La evolución de un gigante: De 2013 a la escala industrial
Loma Campana fue el laboratorio donde se cocinó el éxito de Vaca Muerta. El proyecto comenzó en 2013 y fue “el primer desarrollo no convencional en llevar la producción a escala industrial”. Aquel inicio fue fundamental porque “demostró que, gracias a la incorporación de nuevas técnicas de perforación -permitían extraer el crudo atrapado en la roca-, se podía producir petróleo a gran escala”.
Desde aquel hito inicial, la curva de aprendizaje y producción creció de manera sostenida, respaldada por una inversión masiva. Hasta la fecha, YPF y Chevron llevan invertidos más de USD 10.000 millones en la formación, una cifra que explica la continuidad operativa y la eficiencia alcanzada. Según el relevamiento del prestigioso petrolfísico argentino Juan Carlos Glorioso, exypefiano con amplia trayectoria en evaluación de recursos, Loma Campana posee una recuperación final estimada de entre 561 y 805 millones de barriles. Estas métricas ubican a la concesión en la categoría de “muy grandes” a nivel global, liderando el ranking de volumen de petróleo recuperable en Vaca Muerta, por encima de La Amarga Chica (321 millones) y Bajada del Palo Oeste (274 millones).
El desafío logístico: Construir "otra" Vaca Muerta
Pese al éxito actual, la industria ya mira hacia el próximo salto cuántico. Ernesto López Anadón, presidente del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), ha planteado un objetivo ambicioso: Vaca Muerta podría superar el millón y medio de barriles diarios en los próximos años. Sin embargo, esto implica prácticamente “construir una nueva Vaca Muerta sobre la actual”, lo que demanda un despliegue de infraestructura y materiales que desafía cualquier precedente en la historia argentina.
Para dimensionar esta tarea, el IAPG estima necesidades materiales asombrosas:
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Áridos: Entre 20 y 30 millones de metros cúbicos, equivalente a llenar 64 estadios de fútbol como el de La Plata.
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Acero: Entre cuatro y seis millones de toneladas, comparable a la construcción de unos 100 puentes Zárate–Brazo Largo.
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Ductos: El despliegue demandará entre 117.000 y 169.000 kilómetros de cañerías, una extensión similar a “dar cuatro vueltas completas al planeta”.
El impacto socioeconómico será igualmente masivo. Se estima que en los picos de actividad se requerirán entre 180.000 y 240.000 personas ocupadas en tareas de construcción, generando un mercado laboral de entre 400 y 600 millones de horas de trabajo.
2025: El año de la consolidación exportadora
El rendimiento de Loma Campana fue el pilar del "boom" exportador que experimentó Argentina durante el año pasado. Según datos de la Secretaría de Energía, las ventas externas del sector energético superaron los USD 10.000 millones en 2025. Este flujo de divisas, combinado con una drástica reducción de las importaciones de GNL, permitió que la balanza comercial energética cerrara con un superávit de USD 6.911 millones en los primeros once meses.
La aceleración es notable: solo en noviembre de 2025, las exportaciones energéticas crecieron un 53% interanual. A lo largo de ese año, la formación de Vaca Muerta concentró el 67% de la producción total de petróleo de la Argentina, consolidando un cambio de paradigma donde el país ha pasado de la escasez energética a ser un actor con peso propio en el mercado exportador global de crudo liviano.