Por primera vez desde el inicio de la actual crisis en Oriente Medio, los dos principales corredores marítimos utilizados para exportar petróleo desde la región se encuentran simultáneamente bajo amenaza. Esto explica buena parte de los movimientos recientes del precio del Brent, y recuerda que, en el mercado petrolero, las rutas de abastecimiento pueden ser tan importantes como las reservas.
En el norte, el Estrecho de Ormuz permanece condicionado por la confrontación entre Estados Unidos e Irán. Por allí transita cerca de una quinta parte del petróleo que se comercializa diariamente en el mundo. Consciente de esa vulnerabilidad, Arabia Saudita reforzó el uso de su oleoducto Este-Oeste, una infraestructura de 1.200 kilómetros construida en los años ochenta durante la Guerra Irán-Irak, precisamente para este tipo de contingencia. Conecta los principales campos petroleros del Golfo con el puerto de Yanbu, sobre el Mar Rojo, permitiéndole exportar crudo sin atravesar Ormuz. Durante un tiempo pareció una solución eficaz.
En la salida del Mar Rojo se encuentra el Estrecho de Bab el-Mandeb, un corredor de veinte kilómetros de ancho por donde circulan alrededor de cinco millones de barriles diarios. Allí, los hutíes de Yemen, aliados de Irán, anunciaron un bloqueo marítimo contra Arabia Saudita, atacaron dos tanqueros y advirtieron que responderán "bloqueo por bloqueo y escalada por escalada". La reacción saudí no tardó en llegar con bombardeos sobre el puerto de Hodeidah, mientras los hutíes respondieron atacando instalaciones de Aramco en Jizan y Yanbu. La alternativa diseñada para reducir la dependencia de Ormuz dejó de ser completamente segura. Tanto Ormuz como Bab el-Mandeb aparecen simultáneamente bajo presión.
En cuestión de días, el barril se disparó tras los ataques contra los tanqueros sauditas y retrocedió cuando Washington y Teherán abrieron una nueva instancia diplomática. Cada ataque contra un buque, cada amenaza sobre un estrecho marítimo o cada avance diplomático entre las principales potencias encuentra rápidamente su traducción en el precio del barril.
Para Argentina, un Brent elevado incrementa las presiones sobre los precios internos de los combustibles y pone a prueba nuevamente la capacidad de YPF como amortiguador entre el precio internacional y el mercado interno. Sin embargo, el mismo contexto mejora la rentabilidad de Vaca Muerta, fortalece la viabilidad económica de nuevos proyectos y aumenta el atractivo del país como proveedor de hidrocarburos para un mundo que busca diversificar riesgos de abastecimiento.
En un escenario donde buena parte de los grandes exportadores enfrentan conflictos armados, sanciones económicas o amenazas sobre sus rutas marítimas, disponer de recursos de escala mundial en un país alejado de esos focos de tensión constituye una ventaja estratégica que Argentina debe aprovechar. Mientras persistan los conflictos sobre los principales corredores marítimos de Oriente Medio, cada movimiento del Brent expresa cuánto vale, en ese momento, la incertidumbre geopolítica.