Un paso sin precedentes en la infraestructura de procesamiento y exportación de Hidrocarburos Líquidos acaba de concretarse en la cuenca neuquina. El directorio de Transportadora de Gas del Sur (TGS) aprobó formalmente la ejecución del Proyecto NGLs (Natural Gas Liquids / Líquidos de Gas Natural), la mayor inversión corporativa en su tipo en la historia energética del país. El megaproyecto, presupuestado en u$s3.000 millones, prevé una ventana de construcción de cuatro años y fija el inicio de su operación comercial para el año 2030.
La iniciativa privada apunta a capturar y agregar valor a las corrientes ricas de gas asociado que hoy genera el boom del petróleo no convencional en la Patagonia. Oscar Sardi, CEO de TGS —compañía controlada por el holding Pampa Energía, liderado por Marcelo Mindlin, y la familia Sielecki— ponderó el impacto macroeconómico del anuncio:
“Es una inversión estratégica de gran relevancia para el desarrollo energético de Argentina. Con una inversión de USD 3.000 millones, el proyecto permitirá generar exportaciones por unos USD 1.200 millones anuales, reafirmando nuestra responsabilidad en el fortalecimiento de la infraestructura productiva del país”.
Masa crítica: acuerdos en firme con YPF, Pluspetrol y Chevron
Para dotar de sustentabilidad financiera y viabilidad comercial al tendido, el directorio de la transportista convalidó de forma simultánea los contratos de reserva de capacidad a largo plazo (take-or-pay) con tres de las principales operadoras de la cuenca neuquina. TGS suscribió acuerdos con YPF, Pluspetrol y Chevron, bloque de petroleras que garantizará y cubrirá más del 80% de la capacidad de procesamiento de la futura planta. En paralelo, el management de la compañía mantiene negociaciones en fase avanzada con otros productores de Vaca Muerta para licitar y completar el remanente del volumen disponible.
Desde el punto de vista operativo, la obra resolverá uno de los cuellos de botella técnicos más críticos de la cuenca: la adecuación del gas rico. Al separar los componentes pesados (etano, propano, butano y gasolina natural) en origen, el proyecto permitirá viabilizar el fuerte incremento proyectado en la producción de crudo, acondicionando el gas asociado residual para que cumpla con las especificaciones de calidad necesarias para su inyección segura en los gasoductos troncales de transporte y de exportación.
La traza de la obra: del nodo Tratayén al polo Bahía Blanca
La arquitectura de ingeniería civil y petroquímica del Proyecto NGLs contempla un despliegue de infraestructura interprovincial dividido en cinco componentes modulares:
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Gasoducto de segregación: Construcción de un ducto de aproximadamente 100 kilómetros de extensión diseñado para recolectar y segregar de forma exclusiva las corrientes de gases ricos de los yacimientos.
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Ampliación en Tratayén: Nuevas instalaciones e infraestructura de procesamiento de gas dentro del complejo que TGS ya opera en Tratayén, provincia de Neuquén.
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Poliducto troncal: Tendido de un nuevo conducto para el transporte de los líquidos condensados que unirá de forma directa la planta neuquina de Tratayén con el nodo portuario de Bahía Blanca, en el sur de la provincia de Buenos Aires.
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Complejo de Fraccionamiento: Edificación de una planta de fraccionamiento industrial y un parque de tanques de almacenamiento de productos específicos en el polo petroquímico bahiense.
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Logística portuaria: Obras de adecuación y muelles complementarios en la terminal marítima de Bahía Blanca para viabilizar la carga rápida de buques tanques de exportación.
Impacto laboral y dinamismo en la cadena de valor
Por sus dimensiones físicas y el volumen de montaje metalmecánico requerido, la megaobra se convertirá en uno de los principales motores de empleo de la construcción y el sector de servicios industriales durante su etapa de desarrollo. Las estimaciones de capital humano difundidas por TGS proyectan una fuerte dinamización laboral a lo largo de los próximos 48 meses de ejecución del cronograma
La puesta en marcha del proyecto operará como un estabilizador estructural para la balanza comercial de la Argentina, transformando un insumo de descarte o de difícil transporte en productos petroquímicos líquidos de alta demanda en los mercados regionales —principalmente Brasil— y globales, blindando al país con una nueva fuente de generación genuina de divisas por u$s1.200 millones anuales de forma permanente.