El proceso de unificación de las estructuras de control de los servicios públicos sufrió un fuerte sismo institucional. El presidente del flamante Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENRGE), Néstor Marcelo Lamboglia, presentó su renuncia indeclinable este lunes por la mañana, a menos de un mes de haber sido designado formalmente al frente del organismo unificado.
Según informó el portal especializado Econojournal, la dimisión se precipitó como consecuencia de una severa confrontación interna en el seno del directorio con Marcelo Nachón, vocal del ente y exinterventor del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas) hasta mayo. Ante la vacancia, el cargo será asumido de forma inmediata por el vicepresidente, Vicente Serra.
Lamboglia transmitió la decisión a sus pares de la mesa de conducción a primera hora de hoy y, en paralelo, formalizó el trámite administrativo mediante el envío de un memorándum a través del sistema oficial de Gestión Documental Electrónica (GEDO).
Los ejes del conflicto: contratos, pases a planta y asesores
Las fricciones entre ambos funcionarios no eran nuevas. En el sector ya se advertía la existencia de un cortocircuito metodológico y político, incluso antes de que el nuevo organismo fusionado terminara de constituir su organigrama definitivo. El enfrentamiento se estructuró sobre decisiones administrativas clave:
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Renovación unilateral de contratos: Lamboglia, quien procedía de la intervención del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), había planteado en una mesa de trabajo el pasado 8 de abril la necesidad de congelar cualquier renovación contractual en los entes de origen hasta tanto el ENRGE estuviera plenamente operativo. Según trascendió, Nachón desoyó la sugerencia y convalidó de forma anticipada la prórroga por seis meses de 73 contratos del Enargas que tenían fecha de vencimiento el próximo 30 de junio.
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Pases a planta permanente: El exinterventor del gas también apuró, días previos a la fusión, el pase de planta transitoria a permanente de Marcela Paula Valdez, una colaboradora estrecha del cuerpo de asesores del anterior interventor, Carlos Casares.
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Uso de la estructura técnica o consultores externos: Otro eje de choque radicó en el modelo de gestión. Nachón pretendía sostener en la nueva estructura un esquema de asesores externos contratados, mientras que Lamboglia defendía la postura de que las auditorías y dictámenes debían ser ejecutados exclusivamente por el personal de línea técnico del organismo.
La disputa por la sede física y el faltazo clave en las tarifas
La unificación regulatoria también chocó contra la resistencia física. El Gobierno nacional dispuso que las oficinas centrales del ENRGE funcionaran en la histórica sede del ex-ENRE, ubicada sobre la avenida Madero al 1000 en Retiro. Sin embargo, Nachón se negó sistemáticamente a trasladar sus equipos a ese edificio, argumentando que las instalaciones no presentaban las condiciones edilicias ni de habitabilidad adecuadas para desarrollar las tareas.
El punto de no retorno se produjo el último jueves, durante una sesión clave del directorio convocada para aprobar técnicamente los nuevos cuadros de subas de tarifas de luz y gas correspondientes a junio. Nachón no asistió a la reunión, un faltazo político que terminó por desgastar la posición de Lamboglia. Fuentes del entorno del ahora expresidente señalaron que el funcionario, quien padece diabetes, evaluó que el nivel de hostilidad interna ponía en riesgo su cuadro de salud y prefirió dar un paso al costado.
La brecha salarial: el dilema de los 32 millones de pesos
El trasfondo más complejo que trababa la armonización de las dos estructuras regulatorias era la disparidad de los convenios colectivos y haberes que perciben los técnicos provenientes de cada sector. La brecha salarial histórica entre el sector eléctrico y el del gas natural se convirtió en un obstáculo insalvable para la gestión unificada
Mientras que en el ex-Enargas los haberes brutos de la alta línea técnica alcanzan techos de hasta 32 millones de pesos, en el ex-ENRE los ingresos de máxima jerarquía se ubican en una escala sustancialmente menor, con topes de 8,5 millones de pesos.
La estrategia de Lamboglia apuntaba a instrumentar una recomposición progresiva para el personal remanente del sector eléctrico, pero enmarcada dentro de un plan general de readecuación y ordenamiento de toda la plantilla del ENRGE. El nivel de parálisis y confrontación con la vocalía del gas volvió inviable la coordinación de esa política de recursos humanos, sellando el final de la primera presidencia del nuevo ente regulador nacional.