En un paso estratégico clave dentro del proceso de transformación y apertura parcial de las compañías energéticas controladas por el Estado, Nucleoeléctrica Argentina (NASA) institucionalizó de manera formal la comercialización de servicios e insumos para centrales nucleares como una nueva unidad de negocio.
La decisión, adoptada en paralelo a la función histórica de generación de electricidad, busca transformar las capacidades técnicas de la empresa en una fuente de rentabilidad comercial y posicionar a la Argentina como un competidor relevante en la exportación de ingeniería nuclear, un nicho de alto valor agregado que se encontraba subexplotada.
Según publicó el portal Econojournal, el cambio de paradigma se concretó este miércoles durante una asamblea de accionistas convocada por la Secretaría de Asuntos Nucleares (SAN) y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). En dicho encuentro, se aprobó por unanimidad una modificación sustancial en el estatuto social de la compañía, incorporando formalmente la prestación de servicios a terceros países como parte de su objeto comercial y delineando el nacimiento de una estructura corporativa enfocada exclusivamente en el mercado externo.
Contexto de reestructuración y el camino hacia la privatización parcial
La creación de esta unidad de negocios no se da en un escenario aislado, sino en medio de una profunda reconfiguración institucional y administrativa de la operadora de los reactores Atucha I, Atucha II y Embalse. En los últimos meses, la gestión de NASA ha enfrentado auditorías y cuestionamientos debido a denuncias por supuestos sobreprecios en procesos licitatorios y la detección de gastos millonarios mediante tarjetas corporativas en bienes ajenos a la actividad industrial. A este frente administrativo se suma el malestar sindical, donde los gremios del sector sostienen un reclamo activo por la pérdida de poder adquisitivo frente a la inflación.
De fondo, la readecuación del estatuto funciona como el andamiaje económico para el plan de privatización parcial impulsado por el Gobierno nacional:
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Disposición de Utilidades: Mediante el Decreto 450/25, el Poder Ejecutivo modificó el artículo 37 de la Ley 24.065 del Régimen de la Energía Eléctrica, habilitando por primera vez a Nucleoeléctrica a disponer libremente de sus utilidades y repartir dividendos, una práctica vedada con anterioridad para las firmas del sector bajo control estatal.
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Esquema de Capitales: El posterior Decreto 695/25 fijó el marco definitivo para la venta del 44% del paquete accionario de NASA a inversores privados y la cesión de un 5% a las organizaciones gremiales, bajo un esquema donde el Estado nacional retendrá de forma permanente el 51% de las acciones y el control político de la compañía. La estructuración de una unidad generadora de divisas busca elevar el valor de mercado de la empresa ante los potenciales oferentes.
El potencial técnico: Un constructor de reactores in house
La fortaleza comercial de NASA radica en un perfil inusual dentro de la industria nuclear global, donde la operación de plantas y el diseño de ingeniería suelen estar rígidamente separados. La firma nacional consolidó capacidades excepcionales en materia de dirección de proyectos (project management), construcción y extensión de vida de reactores debido a hitos críticos de su historia operativa reciente. El principal de ellos fue la finalización de Atucha II en 2014, un desafío técnico inédito ya que la empresa diseñadora del reactor original había desaparecido del mercado, forzando a los ingenieros argentinos a asumir por completo la dirección de obra.
A esta experiencia se suma la exitosa extensión de vida de la Central Nuclear Embalse, culminada en 2019, y el plan en marcha para finalizar en 2027 las obras de extensión de Atucha I. Fuentes internas de la compañía explicaron la versatilidad de este activo humano y tecnológico: «NASA hasta ahora tenía una actitud conservadora, de no hacer inteligencia en el mercado en búsqueda de generadoras que podrían ser clientes de los servicios que desarrollamos dentro de casa». El nuevo esquema de trabajo mantendrá un orden de prioridades claro: «La prioridad la seguirán teniendo las centrales nucleares de NASA. Lo que se busca es vender servicios en los momentos de menor actividad, cuando no hay paradas programadas».
De los acuerdos de intercambio al mercado global: Brasil y Rumania en la mira
Hasta la fecha, las incursiones de la empresa en el exterior poseían un carácter predominantemente técnico o compensatorio, supeditadas a convenios de asistencia mutua. Un ejemplo de esta dinámica ocurrió con la firma internacional Candu Energy, donde las prestaciones de la firma canadiense en Embalse se cancelaron mediante la provisión de horas de servicios de ingenieros argentinos en reactores de Canadá. No obstante, NASA ya cuenta con antecedentes de ventas directas de insumos críticos de alto valor, como es el caso de los restrictores de flujo desarrollados a medida para centrales de tipo CANDU (uranio natural y agua pesada), exportados a plantas de Canadá con un valor de cotización de USD 200.000 por unidad.
Con contratos previos y misiones técnicas ejecutadas en países como China, Canadá, Brasil, España y Corea del Sur (hacia donde se envió personal especializado el año pasado), el objetivo de la nueva unidad es dotar de un perfil netamente comercial a estas operaciones. El horizonte temporal de 2026 ofrece oportunidades de escala global ante la ola de renovación de matrices energéticas y extensiones de vida de centrales en todo el mundo. Entre los objetivos inmediatos de la gerencia comercial se destaca la ampliación de contratos en el mercado de Brasil y el ingreso formal a las licitaciones para las tareas de extensión de vida útil de las unidades 1 y 2 de la Central Nuclear de Cernavoda, en Rumania, consolidando la exportación de tecnología nuclear como un vector estratégico de ingresos genuinos para el país.