La industria aceitera argentina enfrenta una crisis terminal tras la decisión de la Comisión Europea de clasificar a la soja como un cultivo de "alto riesgo" por cambio de uso de suelo (ILUC), prohibiendo de facto su uso para biodiésel. Esto dejaría fuera de mercado a gigantes como Argentina, Brasil y los Estados Unidos, representando para nuestro país un daño comercial de 350 millones de dólares anuales.